miércoles, 14 de febrero de 2007

Think!, Zinc, Thick As Thieves

Dos palabras se confunden en este embrión de blog. Son dos vocablos ingleses, su cultura se nos impone, pero no a la fuerza sino por convergencia subterránea en un mundo que es global pero de una manera rara y sesgada. "Think!" y "Zinc" se empujan la una a la otra, se alimentan mutuamente. Combinan sus letras en formas intermedias que no hacen variar su fonética: "Zink", "Thinc", "Zhink", "Thzinck"... y al final se desdibujan y acaban por no significar nada, pero a la vez lo significan todo.


"Think!" es una exaltación. Es un imperativo que no obliga (¿cómo se puede obligar a alguien a pensar? La educación punitiva lleva siglos fracasando en ello), sino que sugiere, de un modo en el parece que si esquivas la sugerencia te conviertes en un zoquete, o peor, en alguien que tuvo su oportunidad y la dejó escapar. Tal vez por eso, no conozco a muchas personas que recibieran el mensaje de los Jasmine Minks y lo dejaran de lado. En realidad, no conozco a demasiadas personas que recibieran mensaje alguno de los Jasmine Minks, pero ése es otro tema, que sospecho está en vías de solución desde que Rev-Ola editara un recopilatorio de los Minks bastante necesario para restituir su mensaje. Hace unos días, Karpov Shelby se sacaba de debajo del alfil la portada del 7" de "Think!" (1984) y lo relacionaba sutilmente con este humilde blog. La imagen de arriba ha sido robada a Karpov, que a su vez la había tomado de la colección de sleeves de la web de los Minks. Coger cosas de por ahí está bien, siempre que sean bonitas o importantes, y esta portada es ambas cosas y encima permite construir algo a su alrededor. Además, NO podía ser otra. Esas flechas/marcas de exclamación no hacen sino ratificar la mezcla de pensamiento, alma y sensación que hay detrás de "Think!", la canción. Karpov dio por supuesto que Zinc era un homófono de "Think!". Y tenía razón, pero se equivocaba. "Zinc" no era exactamente igual a "Think!". "Zinc" era simplemente "Zinc".

Y "Zinc" era "Zinc Alloy", que era Marc Bolan, que era T.Rex y en la prehistoria había sido Tyrannosaurus Rex. Marc Bolan nunca miró como aquí. Desde la portada de "Zinc Alloy and the Hidden Riders of Tomorrow" (1974) esa mirada penetrante a lo Paul Auster avisaba. La cosa iba en serio y tú estabas totalmente a su merced. Para un adolescente (dieciséis años y recién comprado el disco de oferta en Pelayo 14 por 300 pesetas, aún conserva la etiqueta) había pocas posibilidades de escapar. Descontextualizado del grueso de la producción de T.Rex era imposible detectar los altibajos, todo el relleno que nos estaba colando Bolan con las magníficas "Venus Loon", "Teenage Dream" y "The Leopards Featuring Gardenia & The Mighty Slug", estratégicamente situadas al principio y al final de las caras del álbum. Esas tres canciones eran gloriosas, y en el caso de T. Rex 'glorioso' tiene, con todos esos coros glam pasados de rosca, un significado literal. Su poder de atracción era innegable, Bolan era un mago, una criatura mitológica con poderes sobrenaturales. Su universo era tan irreal como bizarro. Nunca hablaba de viejos que van al callista y se toman un carajillo de camino, sino de los Jinetes del Mañana, a los que aun esperamos ver aparecer el Día de la Gran Venida, doblando imponentes la esquina de la Diagonal con Balmes, a lomos de leopardos del tamaño de un elefante y encabezados por su terrible líder, Aleación de Zinc, recordman mundial de rebanar las cabezas de los malos, con una marca de 72 cabezas en tres minutos. Zinc era pura fantasía, un delirio de segunda inconfundiblemente setentero, soberbio e inmaterializable. Una puerta abierta al mundo de Topo-puede-ser, sin contables ni callistas. Molaba.


Después de Marc Bolan, nada podía volver a ser lo mismo. Ni siquiera la palabra "Zinc", que pasó a ser "Zic", entonces "Thic" y finalmente "Thick". "Zinc", luego "Ziv" y "Zieves", y por fin "Thieves". Todo junto "Thick As Thieves". O lo que es lo mismo, uña y carne. Culo y mierda. Paul Weller y Dave Waller. Los amigos de la infancia, el músico incansable y el poeta vago que no fue capaz de seguir el ritmo de The Jam. Acabaron disolviendo su amistad por culpa de las drogas, pero en 1979 estaban lo suficientemente unidos e inspirados como para plantear un discurso en cuatro canciones -"Thick As Thieves", "Little Boy Soldiers", "Wasteland" y "Burning Sky"- sobre (precisamente) la amistad. O, para ser más exactos, la pérdida de ésta, por avatares de la vida y circunstancias políticas. La historia de los dos amigos que acaban en puntos opuestos del espectro social, incluida en el "Setting Sons" (1979) de The Jam, puede resultar pelín Ray Davies, pero no es moco de pavo para un Weller de veintiún años que despegaba como cronista vital. Empieza (y se resume perfectamente) con "Thick As Thieves", una reflexión con los buenos tiempos en el objetivo, doblemente conmovedora y anticipadora de un final trágico, tanto en la ficción de "Setting Sons" como en la realidad Weller-Waller. Un personaje tan complejo y a veces tan miserable como Weller se situaba del lado bueno, y en primera persona toca la fibra de cuanto tiene de estimulante la amistad adolescente. La versión desnuda de la canción (incluida en "Extras") añade una nueva dimensión a "Thick As Thieves". Las mismas palabras, dichas por Weller solo con su eléctrica en una habitación vacía, parecen tener un significado mucho más hondo. La amistad perdida es más dolorosa en soledad. Los espacios dejados por los ausentes Foxton y Buckler se suman, en lugar de restarse, para conseguir una atmósfera que cortaría un bloque de granito. Quizás no sea lo mejor ni lo más inspirador que haya grabado Weller (que no lo es), pero sí está entre lo más emocionante. Da escalofríos. Ni en la versión álbum de "Thick As Thieves" ni en ninguna otra de sus grabaciones se oye sonar así la guitarra, con resentimiento e impotencia. Mientras, Weller canta con una mezcla de añoranza e ira:

We stole from the schools and their libraries,
We stole from the drugs that sent us to sleep,
We stole from the drink that made us sick,
We stole anything that we couldnt keep,
And it was enough - we didnt have to spoil anything,
And always be as thick as thieves.

Like a perfect stranger - you came into my life,
Then like the perfect lone ranger - you rode away - rode away,
Rode away - rode away.

Y así, el amigo que se va desaparece como un llanero solitario ("Hi-yo Silver, awaaaaaay!"), cabalgando un leopardo plateado del tamaño de un elefante, mientras el amigo-primera-persona se queda atrás, con el single de "Think!" por toda compañía, y este pensamiento resonando en un cerebro que confunde las palabras "Think", "Zinc", "Thick" y "Thieves": "And it was enough - we didnt have to spoil anything".

B'dum b'dum

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