"Life is too short for boring music" [Billy Childish]

En el universo agotador e inagotable de Billy Childish, Thee Headcoatees representan una hábil e inteligente redistribución de la materia. Una simplificación nada insustancial que lo convierte todo en más agradable e infantil. Donde los Headcoats pueden llegar a ser vanidosos y malcarados, las Headcoatees se muestran ingenuas, despreocupadas y vivarachas. Son, definitivamente, el gran hallazgo, la mejor aportación de Billy Childish a la década de los noventa. Una nueva vida para las canciones y filias del británico, una ampliación del concepto headcoat, en la que siguen mandando las gorras de campiña, pero donde, esta vez sí, está permitido sonreír y equivocarse. Es una concesión afortunada. Un regalo, en primer lugar, para el sentido de la vista, por razones obvias y no exclusivamente relacionadas con la belleza física. Y en segundo término, una relajación de los códigos headcoat, que permite liberar al sonido de un elevado tanto por ciento de rigidez y sustituirlo por cosas tan mundanas como la algarabía, el despiporre y el alcohol de media graduación.
Por lo demás, "Girlsville" es como cualquier otro disco de la saga Billy Childish. Quien haya escuchado más de dos, ya sabrá lo que hay. Siempre es lo mismo y siempre el mensaje es igual de claro. Garage y rhythm'n'blues más allá de la música, enmoquetado con plagios desvergonzados y autoreferencias continuas. Garage y rhythm'n'blues como concepto vital, como declaración de rechazo de las nociones equivocadas de tiempo y progreso. Si se piensa bien, esto tiene bastante sentido.

En el corazón de las Headcoatees, además de todas estas cosas, había espacio para algo más. La chica de la izquierda, la que se lleva la mano a la gorra como para divisar mejor a los terriers detrás del zorro, es Holly Golightly (efectivamente, como la protagonista de Desayuno en Tiffany's) y vale un potosí. Aunque en la portada del disco aparece pertrechada en actitud de tocar la batería no era ésa su labor. Tampoco las otras tocaban mucho más que no fuera la pandereta. Bueno sí, las maracas. Se pueden oír, por ejemplo, en la relectura de "Meet Jacqueline" de Albert Hammond, perla de "Girlsville" y canción perdida de The Troggs ("Trogglodynamite", 1966) que bien pudieran las Headcoatees haber recuperado vía cara B de Barry Benson ("Cousin Jane/MeetJacqueline", 1967). Mientras los Headcoats tocaban los instrumentos, las chicas se podían dedicar a las cosas verdaderamente importantes. Golightly desarrolló en tiempos de las Headcoatees un talento que no mostró hasta que inició su propia andadura, que con el tiempo se descubrió embriagadora (atención al doble sentido). Esa es una historia que hoy no toca, una deuda moral que este blog contrae desde este preciso instante, tanto con sus lectores como con el mundo musical de Holly Golightly, bastante más amplio y aireado que el de los Headcoats y las Headcoatees. Más sobre ella en breve.
Thee Headcoatees interpretando "Strychnine" (The Sonics) en la penumbra
B'dum b'dum