Una frase ingeniosa y memorable. Una nota clavada con chinchetas en un tiempo pasado, que nadie ha sido capaz de arrancar en el futuro. Una buena legión de profetas que son en realidad re-evaluadores de señales que no pueden, simplemente no pueden, sucumbir entre la mierda. Los hay que son buenos profetas, videntes del buen gusto, y también los hay que son pésimos, freaks de foros variopintos, portavoces displicentes de las soplapolleces más pretenciosas. Esos son los estandartes de los objetos de culto a los que nos agarramos continuamente. En cine, en música, en moda, en estilos de vida... El C-86, los Monty Python, la no-wave, "IT Crowd", Chuck Palahniuk, "If...", TV Personalities, "La soledad del corredor de fondo", Hunter S. Thompson, "Six Feet Under"...
Los objetos de culto existen para recordarnos que hay películas extrañas, discos peculiares, libros imposibles y series especiales que de ningún modo merecen ser enterradas por las "nuevas maneras de hacer las cosas". Todas esas toneladas de escombros que año tras año arroja inevitablemente la industria sobre nosotros no pueden caer sobre los materiales de culto y ésa es una responsabilidad colectiva, un gesto de autoprotección y rechazo contra la turbovelocidad de la industria del entretenimiento. A la mierda con ella, que nos deje tranquilos durante un par de horas. Si quiere correr hasta estrellarse, que lo haga por el carril de la izquierda.
2. Stephen
Gracias a que existen objetos de culto siguen pasando cosas que nos mantienen en órbita. Giramos entorno a mundos que vale la pena observar. Suelen ser cosas como éstas: Stephen Pastel presenta en el Glasgow Film Theatre "Masculin féminin: 15 faits précis", una película dirigida en 1966 por Jean-Luc Godard. Stephen participa también en la posterior charla sobre la película que, huelga decirlo, es una de sus favoritas. Una jovencísima Chantal Goya es la protagonista femenina del film. Hasta aquí tenemos un músico escocés de culto, una cantante francesa de culto, un rompedor cineasta de culto y un movimiento de culto, la Nouvelle Vague. Todo ello está convenientemente pasado de moda, como debe ser, pero suena perfectamente actual.
A propósito, la noticia (no, noticia suena fatal, mejor anécdota) aparecía en Tangents, uno de los mejores catalizadores pop que existen ahí afuera. Gracias a Tangents -una web de culto, lógicamente- descubrimos hace unos meses a MJ Hibbett & The Validators, cuyo sentido del humor es capaz de mantener vivo en versión karaoke otro culto, el del Z80, microprocesador ochentero por excelencia.

3. Jean-Luc

Como obra, "Masculin féminin" plantea preguntas que no puede contestar. Preguntas que no son preguntadas y que, por tanto, no obtienen respuesta, porque sus protagonistas son demasiado jóvenes para darlas. La metáfora del masculino-femenino (socialismo-consumismo) es una capa de significado situada muy por detrás suyo. Léaud y Goya tienen la edad perfecta para plantear los interrogantes, y también para dejarlos pasar de largo sin resultar indolentes. Son tal vez transportados por las encuestas, los anticonceptivos y las listas de éxitos, es decir, arrastrados a ningún sitio en particular, entre momentos que permiten atisbar un pequeño rayo de esperanza, que siempre se acaba esfumando. Momentos de humanidad. Y muchas palabras.
4. Chantal

Si Léaud es el muñeco poliédrico del ventrílocuo Godard, complejo y sumido en un enrevesado dilema entre el masculino y el femenino, Chantal Goya es aire fresco. Un soplo de french-pop que precisa de pocas habilidades interpretativas. Estas, no del todo inexistentes, son reemplazadas por primeros planos y despreocupadas sonrisas. Es gracias a juegos como esos, con los que pretendía representar la ligereza de la sociedad burguesa, que Godard se ganó el reconocimiento como portavoz del modernismo pop. Su conciencia del momento le permitía utilizar en "Masculin féminin" argumentos basados en figuras como las de Charlie Parker, Bessie Smith, Bob Dylan o Sandie Shaw.
Pero el brillo pop, inocente y casual, lo aporta en esta película Chantal Goya. Una cantante haciendo de cantante, en un papel en el que vive su primera pugna seria con Sylvie Vartan por las listas de éxitos francesas. Una joven más interesada en peinar su melena de paje que en contestar las preguntas con fondo de Léaud. En muchos aspectos, Goya parece contradecir a Godard o, por lo menos, constrarrestar su efecto sobre Paul (Léaud). Cuando la cosa se pone excesivamente sesuda o pesimista, Godard permite la entrada de una de las seis canciones que Chantal Goya cantó para el film. Seis (y solo seis) canciones de una prodigiosa fertilidad que componen uno de los mejores discos de french-pop grabados durante los sesenta.

Irónicamente, si Paul (Jean-Pierre Léaud) tiene alguna posibilidad es gracias a Madeleine (Chantal Goya). Canciones como "D'abord dis-moi ton nom", "Laisse-moi" y "Tu m'as trop menti", o miradas vivarachas como las que Chantal Goya alterna con espontáneas sonrisas son la única vía de salvación para hombres demasiado reflexivos. Son casi un purgante para su insatisfacción. Nuestra insatisfacción.
5. Jean-Pierre

Suscribimos.
B'dum b'dum